Sobre mí
No es un currículum: es mi manera de entender la música y de vivirla, desde la composición, la dirección y la docencia.
El compositor · arreglista
La música que escribo por impulso propio suele estar profundamente ligada a la naturaleza y a su Creador. Me resulta difícil pensar que tanta belleza haya surgido por casualidad o que pueda explicarse únicamente desde la palabra “evolución”. Quizá por eso una de mis obras más queridas sea la Sexta Sinfonía de Beethoven, La Pastoral, donde la música parece respirar el mismo aire que el paisaje.
Me siento especialmente cómodo escribiendo para la voz humana, el primer instrumento musical y el único verdaderamente común a todas las culturas desde los orígenes. Es, a mi entender, el instrumento más maravilloso y también el más complejo de todos —con el debido perdón de los organistas… que también lo soy.
Creo firmemente que la música, por moderna que sea, no debería perder el vínculo con los grandes maestros del pasado. Gracias a ellos existe la música que hoy hacemos y escuchamos. Del mismo modo, entiendo el arreglo musical como una prenda hecha a medida: puede ser más costosa, pero es única, exclusiva y pensada para quien la va a “llevar”.
Me atraen los desafíos, los proyectos que me ponen a prueba, que me obligan a seguir aprendiendo y a no acomodarme. La rutina, sencillamente, no va conmigo.
El director
Dirigir un coro es una de las disciplinas musicales más complejas que existen. No se trata solo de “tocar” el instrumento —que en este caso es el propio coro—, sino también de construirlo. El director debe ser, en cierto modo, el luthier de su propio instrumento.
Por eso la dirección musical exige una preparación específica y muy completa. Cantar bien o tocar bien un instrumento no implica, necesariamente, estar preparado para dirigir un conjunto coral o instrumental.
La dirección me atrajo desde mis primeros contactos con la música. Dirigí mi primer grupo con 19 años y, gracias a Dios, sigo aprendiendo y disfrutando de esta labor con la misma ilusión que entonces.
Nada puede sustituir la emoción que transmite un conjunto de voces bien afinado, equilibrado y unido no solo en sonido, sino también en espíritu. Disfruto especialmente del momento de la actuación en público, siempre con la intención de que sea una experiencia de comunicación real y de enriquecimiento mutuo.
Creo que los directores tenemos también una responsabilidad pedagógica: aportar cosas nuevas al público. Si nos limitamos únicamente a repetir lo conocido y lo que sabemos que gusta, no generamos cambio; y sin cambio, no hay evolución.
El docente
Tuve la enorme fortuna de cursar mis estudios secundarios en una época en la que, en las clases de música, resonaban con naturalidad los nombres de Bach, Mozart, Haydn y tantos otros, siempre acompañados de sus obras. En mi instituto existían además un coro polifónico de unos sesenta alumnos y una banda de música de viento. Yo formaba parte de todo aquello y, al terminar el bachillerato, tenía claro que mi camino estaría ligado a la música.
No solo conté con grandes profesores en el instituto; también tuve un extraordinario profesor particular de guitarra, de quien conservo un recuerdo muy querido y valiosas enseñanzas, y con quien aún hoy mantengo el contacto.
Más tarde llegaron el Instituto de Profesores Artigas de Montevideo, la Escuela Universitaria de Música y muchas otras etapas formativas. Pero fue gracias a los excelentes docentes que tuve durante mi adolescencia cuando empecé a comprender realmente lo que significa ser profesor. A todos ellos les debo un agradecimiento profundo y permanente.
Durante 27 años me dediqué a la enseñanza musical en Uruguay, tanto en el ámbito oficial como en el privado. Paralelamente, trabajé siempre en la dirección de conjuntos corales de jóvenes y adultos. En el año 2010 me trasladé a España, donde continué desarrollando esta labor.
Por mi experiencia, considero que todos los niños deberían cantar en sus escuelas e institutos. Con ello estamos perdiendo una herramienta educativa de enorme valor para transmitir compañerismo, esfuerzo, superación, trabajo en equipo, desinhibición frente al público y contacto con las grandes obras de la historia de la música.
La enseñanza musical tradicional de conservatorio, de la que formé parte, fue muy útil durante mucho tiempo. Sin embargo, creo que muchos aspectos deberían revisarse y adaptarse a la realidad y a los desafíos del mundo actual.
¿Hablamos?
Si te apetece contarme un proyecto, estaré encantado de escucharte.
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